El Juicio

Voy a arrancar una curita sin sobarlos mucho. 3...2... Aquí no hay identificación cultural gastronómica nacional. Y aclaro, apropiación no es identificación. Las fondas las miramos por encima del hombro como lo pueblerino y pobre, la "fusión" ahora es lo más exótico que existe y lo "moderno" es cualquier plato terminado con un puño de micro-cebollín arriba o cualquier tipo de alioli “home made”. Que si dos o tres chefs, líderes o barrios saben de que realmente están hecho, eso no lo dudo.

De la nada, apoyar lo local es una moda, lo artesanal es una tendencia y que tus vegetales o frutas vengan directamente de la finca es lo último en el bloque y te cobran el triple porque al producto NO SE LE HIZO NADA, pero, ¿no se supone que así sea originalmente? (Y que quede claro, el tema sobre distribuidores y mega-tiendas vs los agricultores locales son otros 20 pesos). 

Bueno, de que vale la originalidad en estos momentos, ¿no?

Santurce.

Santurce.

Ahora con los cubitos y los sobrecitos de sazón cualquiera hace las habichuelas de abuela y el pegao', lo están dejando literalmente pegao' y no sale de la olla porque pa’ los millenials eso está medio quemao’ así que una parte de nosotros se está echando pal' zafacón. En las cocinas lo que suena la radio es lo que menos somos "hasta la muerte" junto a un locutor que se babea descontroladamente y se graba a el mismo, mientras la salsa gorda, clásica y voluptuosa se pierde en un envase Ziploc mal cerrao’, como el jamón de pavo que compraste hace dos semanas cuando intentaste de comenzar la dieta.

Los versos íconos se esfuman con el vapor de la pasta aldente que reemplaza el oleaje de los guisos sabrosos mientras tus raíces y única genética cultural en este mundo se ahogan. El arrope cultural te ponen a pensar, o peor, te obligan a creer, que lo que viene de afuera, tiene más valor que lo que nace en tu tierra. Entre la línea que para ti es símbolo dividendo, para otros es donde se crece, se prueba, se prende, se aprende pero no se olvida. Para muchos somos jóvenes perdidos. Para otros somos “la generación de la crisis”.

Y repito que en estos momentos lo nuestro es una moda, pero sabes que también fue una moda... los tazos. ¿Y dónde carajo quedaron los tazos? En los ‘00s igual que El Diario de Eddie Dee. Al final, solo hazte una pregunta para volver al inicio y poner los pies en el juicio:

¿Cuándo fue la última vez que sentiste orgullo puertorriqueño por la boca? 

En Casajú, Juncos, pelan los plátanos diariamente.

En Casajú, Juncos, pelan los plátanos diariamente.

Somos un mejunje. 

Una mezcla cultural sin aprobación alguna. Para algunos, somos satos, ¡y mira que muchos lo dicen con orgullo! Salimos de los placeres de los españoles y los abusos hacia los africanos y taínos. Entre estrellas estrelladas, himnos que hipnotizan y sofritos, somos un país que llegamos aunque no sabemos a donde, pero no nos quedamos si nos obligan a permanecer. 

La paella de *arroz* es española, el sushi japonés y aunque ni lo creas, la pizza puede tener fuertes genes de cultura italiana pero realmente es egipcia; bueno, según los libros y para esos libros, pues “según los cuentos”. Con esto quiero decir; la comida es libre, pero no olvidemos que tiene historia y que esta se identifica por quienes la aman.

Ahora, imagina que viajas al centro de Asia y hay un pequeño restaurante puertorriqueño. Dentro de el, sirven mollejas con salsa de tomate, arroz con sopa de granos y pechuga de pollo empanada y terminada con una salsa de ajo. ¿Dirías que esto es realmente puertorriqueño aunque el producto original en el área sea escaso? ¿Es verdad lo que sirven? Eso sí, es real. Es tangible. Pero, ¿es tu cultura? Hello loco, tienen la bandera de Puerto Rico guindando afuera y “Despacito” está sonando. ¿Cómo no va a ser boricua?

Pues háblame claro, ¿Qué es puertorriqueño? ¿Arroz con habichuelas? Espera, piénsalo. ¿Estás 100% seguro? ¿Qué es criollo?

Criollo es sinónimo a mezcla caribeña con alma histórica moldeada por la invasión española y maximizada por la extinción taína y esclavitud africana. Criollo es el sabor que nos une, nos mezcla y a la vez, nos confunde el alma perdida que algún día vivió sin tanto billboard ‘agringao’. Es la baba que escupimos que se mezcla con el aire y termina en la tierra y por más que lo ignoremos, nadie quiere pisar tu baba aunque exactamente estemos sobre fango, lodo o arena.

En un área de nuestra isla, los cocos son medicina mientras en otra es simplemente, un foquin’ coco. En un hogar de Loíza el sofrito se mide, compone y cura dramáticamente mientras uno en Guaynabo, con cebolla, ajo y pimiento verde es suficiente mientras se limpia el Magic Bullet con prisa porque van a llegar tarde a Teatro Breve. En un área nos comemos un dumplin relleno de carne molida, mientras en otro, es la arepa los que nos hace sentido, ¿porqué los dumplings no es lo que venden los chinos? ¿Porqué tanta diferencia en un país tan pequeño? 

Nos sentamos entre copas de cristal y aire acondicionados, acondicionados previamente por los meseros a creer que la sopa es de calabaza local, pero volvemos, ¿Qué es criollo? ¿Qué es puertorriqueño?

¿Lo local es criollo? ¿Lo criollo es local?

Fiestón en el Rancho de Apa, Guaynabo. Una de las mejores lechoneras de la isla.

Fiestón en el Rancho de Apa, Guaynabo. Una de las mejores lechoneras de la isla.

Estas pueden ser divididas en sus categorías respectivas, aunque hasta el día de hoy, no hay verdad absoluta ni aprobación de qué es que, aunque sí una realidad. Quiero establecer un ejemplo:

En el libro "Puerto Rico En La Olla, ¿Somos aún lo que comemos?", según el historiador puertorriqueño Cruz Miguel, se desata un debate entre cuando la yuca es yuca, la batata es batata o el ñame es ñame, pero cuando se mezclan son "viandas". Pero, ¿porqué? ¿Dónde nace esa palabra que identifica y justifica?

Osea, si es arroz blanco pero no tiene habichuelas o otro componente secundario a nuestra dieta pueblerina como tostones, amarillos, guineitos, cebollitas encurtidas u otros, ¿no es criollo? ¿No es puertorriqueño? ¿Y si es chuleta frita con ensalada de tomates, garbanzos, cilantro y aceite de achiote? Hay composiciones que bajo nuestra métrica es aceptada mientras bajo otras no lo son, todo depende de la mezcla de alimentos, persona, momento y lo más clave: el sabor. 

¿Cuándo un plato es criollo? Pero, ¿Cuándo un plato es puertorriqueño?

Por ende, ¿qué es nuestro? Mientras me desplacé por la isla, culminé relacionándome profundamente con personas que en nuestras vidas jamás lo íbamos a imaginar. Y pregunté estas mismas preguntas porque desconozco la verdadera respuesta. 

Cada una de las relaciones me ha relatado algo fenomenal adicional a sus opiniones sobre lo criollo y puertorriqueño, donde en estos momentos, nadie le está prestando atención a las soluciones, pero sí a los problemas. Explico, en parte:

Comprando todo local no se va a resolver toda la pendejá de aquí. Bueno, por lo menos la gastronómica. Pero supongamos que de la nada, todo el mundo compra local. Alante, la oferta no va a aguantar la demanda, pero cool, vivamos el sueño. Por otro lado, ¿qué hacemos con todo ese producto fuerte, fértil, vivo que tenemos en las manos? Ahora, si lo cocinamos y somos un negocio, ¿Quién lo va a aceptar como propio y pagará justamente por su precio? Y luego, ¿qué representará la experiencia del comensal luego de partir por la puerta? ¿El mundo se enterará? ¿O seguiremos pensando que el estómago del foodie es el fin de los problemas del chef?

Bandera.

Bandera.

Tenemos que exportarlo todo.

Cada relación me ha dejado saber que nos hemos quedado en esta isla, luchando porque tenemos esperanzas de que algún día nuestra tierra vuelva a ser rica, nos tomen enserio y sigamos pensando que el periódico nos dirá la verdad en la cara.

La verdad nos la tenemos que decir nosotros y si no nos preparamos para exportarlo todo, nos estamos preparando para una nueva ola masiva, ya antes vista y vivida para la época de la segunda guerra mundial, de una invasión de productos extranjeros *habichuelas* y eliminando completamente los nuestros. Bueno, estamos en el borde pero con todas estas noticias que salen por Facebook, me imagino que estamos a salvo, ¿No?

Hablemos de exportar conocimiento y atraer intriga.


Atentamente,

Rafael N. Ruiz Mederos
La Mafia, Puerto Rico